Cuando la empresa de autocares licitó y ganó la concesión de una línea regular entre Barcelona y Extremadura, hubo que montar de cero toda la infraestructura tecnológica para gestionarla: un programa específico para la operativa de la línea, y una web de venta de billetes, pensados desde el principio como un mismo ecosistema en el que la disponibilidad de plazas reflejara siempre el estado real de la explotación, no una foto desactualizada.
El programa de gestión cubría la planificación de expediciones, horarios y paradas, control de reservas, emisión de billetes, y también los informes que había que remitir al Ministerio de Transportes como parte de las condiciones de la concesión — automatizar esto último no era un capricho técnico, sino algo que ahorraba bastante trabajo administrativo y evitaba errores en algo que la Administración se tomaba muy en serio.
La parte más complicada, con diferencia, fue la web de venta y su integración con los sistemas de las estaciones de autobuses de Barcelona. Había que sincronizar en tiempo real las ventas online con las de taquilla y estación, evitando que se vendiera dos veces la misma plaza, y todo esto en una época en la que ni el diseño responsive ni el AJAX existían todavía como los conocemos ahora — cosas que hoy son triviales entonces exigían soluciones bastante artesanales, sobre todo porque cada estación imprimía los billetes en su propia plataforma y había que hacerlas hablar entre sí.
Se hizo tan bien, de hecho, que no hubo que tocarla apenas durante todos los años que la empresa mantuvo la concesión — la lógica de negocio y la arquitectura aguantaron perfectamente el paso del tiempo. Lo que no aguantó tan bien fue el diseño visual: con los años se quedó bastante anticuado, y personalmente me daba un poco de vergüenza cada vez que alguien nuevo veía esa web. Pero por debajo, seguía funcionando exactamente como el primer día.
