Todo esto empezó en algo tan modesto como una extraescolar del instituto — el Taller de Teatro La Ducha es Dicha, en Logroño, sin más ambición al principio que ocupar unas horas después de clase. Pero la cosa fue a más: el nivel de exigencia se fue incrementando poco a poco, hasta el punto de que llegamos a formar parte de espectáculos de la propia compañía como comparsas, ya dentro de una estructura bastante más profesional que la de una simple actividad escolar.
De ahí salió incluso una obra de teatro montada por nosotros mismos, con la que hicimos una pequeña gira — algo impensable cuando aquello había arrancado como un extraescolar cualquiera. Fue el primer peldaño de una trayectoria escénica que, sin saberlo entonces, se extendería durante las siguientes décadas.