Enfrentarse a la página en blanco delante de otras diez personas, sin guion, sin borrador previo, con lo primero que se te ocurra al momento — eso es exactamente lo que propusimos cada mes en el Club de Escritura en Vivo de la Sala Beckett, que coordiné junto a Marcos Xalabarder.
La escritura en vivo es una disciplina de improvisación literaria: juegos y retos propuestos en el momento, escritura individual o colectiva, y todo el mundo compartiendo el proceso en tiempo real, no el resultado ya pulido de después. Nos reuníamos el segundo miércoles de cada mes en el Club d’Autors, un rincón especialmente acogedor dentro de la propia Sala Beckett, para hora y media de ejercicios y dinámicas en un ambiente tan distendido como participativo.
Era gratuito, pero el aforo estaba limitado a diez plazas por sesión — y desde la primera, en octubre de 2025, la respuesta fue lo bastante buena como para que ese límite de diez se llenara mes tras mes, con lista de espera incluida. Escribir en directo, sin red, delante de desconocidos, suena a lo último que le apetecería a la mayoría de la gente, y sin embargo ahí estaba la lista de espera, edición tras edición, demostrando justo lo contrario.
Fue una de esas experiencias que confirman por qué merece la pena seguir organizando este tipo de espacios: ver a gente perder el miedo al folio en blanco, sesión tras sesión, en tiempo real y delante de los demás, es de lo más gratificante que se puede vivir coordinando un proyecto cultural.
