Antología Letraheridas

Ediciones Letraheridas

s.f.

El grupo Letraheridos nunca ha sido una reunión de eruditos hablando de libros con el meñique levantado. En sus tertulias conviven Stephen King con Bulgákov, libros raros de encontrar con éxitos de ventas, y hasta algún libro de autoayuda que nadie se atrevió a criticar en voz alta. Rigor sí, pero siempre con una sonrisa puesta — y esa filosofía es exactamente la que define las dos antologías colectivas que hemos publicado bajo el nombre Letraheridas.

El primer volumen partió de una consigna sencilla: la palabra «letraheridos» como disparador. El resultado fue una mezcla que solo un grupo así podía producir — postulados matemáticos para encontrar el camino más corto, jóvenes malencarados obsesionados con peleas de gallos, restaurantes con secretos inconfesables, traficantes de cocaína con problemas de próstata, libros que se alimentan literalmente de sus lectores, bares de Praga donde todo es posible, dioses que aparecen en sueños y papirófilos romanos de costumbres ordenadas. Ecléctico no es la palabra, es directamente el ADN del grupo.

El segundo volumen llegó en 2020, con la pandemia agarrándonos del cuello, pero cumplimos la amenaza que habíamos lanzado en el primero: sí, habría un segundo volumen. Esta vez la consigna no fue una palabra, sino una imagen de portada, y de ahí salieron nereidas que han olvidado lo que eran, programas de ordenador casi perfectos, submarinistas buscando el más difícil todavía, venganzas lentas y larvadas, criaturas extrañas saliendo del mar, familias disfuncionales y suicidios misteriosos. Quince autores en esta ocasión, entre los que me incluyo, sumergiéndonos todos en las mismas profundidades desde ángulos completamente distintos.

Como suele pasar en estas cosas, terminamos la segunda antología con otra amenaza a medio en broma medio en serio: no hay dos sin tres. Con otro nombre, pero cumplimos la amenaza