¿Y si el reality show más escandaloso de la tele fuera, en realidad, una obra de teatro? Con la compañía P’alante montamos «Violame que no te espero», una parodia feroz de esos programas de entretenimiento que viven de remover temas candentes solo para generar audiencia — con el título del propio programa ficticio funcionando ya como primer chiste de la noche.
El montaje mezclaba escenas escritas por nosotros mismos con fragmentos de otras obras, todo hilado bajo el paraguas de ese falso programa, saltando de sketch en sketch con el ritmo nervioso y un poco desquiciado que tienen los realities de verdad — solo que aquí la exageración era intencionada, y el espejo que le poníamos delante al género no dejaba a nadie indiferente.
Hicimos función en Barcelona y también en Guatemala, y en ambos sitios funcionó igual de bien — la sátira de la telebasura, por lo visto, se entiende en cualquier idioma y en cualquier continente. Yo estuve como actor y codirector, metido en el proyecto desde dentro y desde fuera a la vez, viendo crecer la parodia desde el primer boceto hasta la última función.