Casi todo el mundo que se dedica a algo tiene un mentor al principio del camino. El mío, en narración oral, fue Rubén Martínez Santana, un narrador y profesor excelente con el que hice los talleres de primer y segundo nivel que marcaron el punto de partida real de esta faceta, allá por 2008.
Ahí aprendí a dar mis primeros pasos como cuentacuentos (y también le robé bastantes ideas como profesor). Su manera de explicar, de estructurar un taller, de acompañar a alguien que empieza sin experiencia ninguna, influyó en mi forma de dar clase y sigo agradeciéndoselo.
Lo más bonito de todo esto es que esa mentoría no se quedó en un taller puntual: casi veinte años después, sigo manteniendo el contacto y aprendiendo de él. No siempre se mantiene el contacto durante tanto tiempo, con proyectos compartidos.