Desarrollo de un sistema de gestión integral para una empresa de autocares —grande entonces, y todavía grande hoy— que venía arrastrando un sistema en MS-DOS bastante primitivo y que en un momento dado decidió dar el salto de verdad hacia algo moderno. No fue solo reprogramar lo mismo con otra tecnología: supuso redefinir desde cero tanto la arquitectura del software como la infraestructura sobre la que iba a correr.
Antes de tocar una línea de código, hicimos un análisis funcional en condiciones, con entrevistas al personal administrativo, a los responsables de tráfico, al taller y a dirección — no solo a quien firmaba el contrato. Ese proceso sirvió para revisar cómo trabajaban realmente, detectar dónde perdían tiempo sin necesidad, y diseñar el sistema a partir de eso, en lugar de obligar a la empresa a retorcer sus procesos para encajar en un software pensado de antemano.
El encargo tampoco se quedó en el software: me encargué también del diseño de la infraestructura, incluida la compra e instalación de un servidor dedicado con su propio sistema de alimentación ininterrumpida (SAI), para garantizar que el servicio no se cayera. Hay que recordar que esto era una época en la que el cloud, tal como lo entendemos ahora, sencillamente no existía; si querías fiabilidad, la infraestructura la tenías tú, en tus propias instalaciones.
De ahí salió un ERP que acabó centralizando prácticamente toda la actividad de la compañía: clientes, presupuestos, contratos, facturación, planificación de servicios y rutas, control de flota, asignación de vehículos y conductores, mantenimiento preventivo y correctivo, gestión del taller, control de repostajes y consumo de combustible, reparaciones, proveedores y seguimiento de incidencias — todo en una única base de datos, sin duplicidades, con cada departamento viendo la información real y actualizada en cada momento.
La parte de la que más orgulloso estoy siguen siendo los algoritmos de planificación de rutas y asignación de autocares y conductores, que tenían en cuenta disponibilidad de flota, capacidad de los vehículos, horarios, estado de mantenimiento y restricciones operativas — automatizar bien eso, evitando tanto autocares infrautilizados como conductores mal repartidos, no es trivial, y quitó de encima buena parte de la planificación manual que antes hacían a ojo los responsables de tráfico.
Fue un proyecto que se extendió durante años, incorporando funcionalidades nuevas según cambiaban las necesidades de la empresa, con mantenimiento integral, resolución de incidencias y soporte de infraestructura incluido — fui el responsable tecnológico de todo su ciclo de vida. Llegó a un nivel de madurez que despertó el interés de otras compañías del sector, que quisieron comprarlo para implantarlo en sus propias organizaciones; nunca llegó a materializarse por las cláusulas de exclusividad que teníamos firmadas con el cliente, lo cual, viéndolo con perspectiva, dice bastante de hasta qué punto aquel sistema encajaba con lo que la empresa necesitaba de verdad.
