Cada letra tiene su propio relato en este libro, y no como excusa formal ni juego de estilo vacío. La letra es protagonista de verdad y gobierna la trama. Veintisiete historias para veintisiete letras (más una de propina).
Cantantes de ópera que recitan presas de excitación sexual, hombres perseguidos sin tregua por la burocracia de una compañía telefónica, alguien traumatizado por un defecto del habla que termina al mando de un ejército de robots, alumnos obsesionados con asesinos en serie, lectores de biblioteca convertidos en héroes por un solo día.
Es mi primer libro de relatos, después de años escribiendo para el escenario, primero teatro, luego narración oral en solitario. Una lectora lo resumió mejor de lo que yo sabría hacerlo: dijo que aquí aparecen el bullying, la pasión, la muerte y la violencia contadas de forma original, divertida e ingeniosa, historias que en pocas líneas invitan a pensar y de paso arrancan alguna carcajada.
