Hay salas de teatro y hay instituciones. La Sala Beckett, dirigida por Toni Casares desde 1997 y con más de tres décadas de historia desde que la fundara José Sanchis Sinisterra, es de las segundas: un referente de la dramaturgia contemporánea en Barcelona y en Europa. Que el LABDRAM, el laboratorio de escritura en vivo dirigido por Marcos Xalabarder, tuviera allí su casa durante cuatro años seguidos, y que yo formara parte de ese equipo desde el principio, es de lo que más orgulloso me siento en toda mi trayectoria escénica.
El LABDRAM nació en la temporada 2019 y 2020 como un espacio de investigación multidisciplinar alrededor de la escritura en tiempo real dentro del teatro. La premisa de fondo era sencilla: convertir la escritura, un acto tradicionalmente privado, en algo compartido y visible en escena, combinando improvisación y tecnología. Cada año el laboratorio investigaba un territorio distinto, y de esa investigación acababan saliendo muestras públicas donde se veía el trabajo del año concentrado en una sola sesión.
La primera fue Frontera, en 2020, ambientada en la Polis, una ciudad estado autosuficiente gobernada por Logos, la inteligencia artificial más evolucionada del planeta, diseñada para sostener una sociedad feliz sin necesidad de inmigración. Una sola ceremonia simbólica anual, la propia Frontera, sostenía todo ese equilibrio. La segunda fue Ojo, en 2021, que planteaba algo más íntimo y filosófico: el ojo como reflejo quebradizo de una mirada múltiple, la idea de que el mundo, como la escritura, no existe si no hay alguien que lo mire. El laboratorio propuso ahí la creación en directo de un mapa de puntos de vista, un puzzle que nunca se cierra del todo.
La tercera exploración se llamó Textures, una biòpsia lingüística, y partía de una pregunta que me sigue pareciendo de las mejores que he trabajado nunca en un escenario: si la lengua es el sistema que condiciona nuestra manera de pensar y de relacionarnos con el mundo, ¿modificar ese sistema modificaría también nuestra manera de comportarnos? Y la cuarta, Un lloc millor, cerraba el ciclo con la herramienta Kalliope de la Fura dels Baus, que permitía a los espectadores participar en tiempo real desde sus propios teléfonos. La propuesta creaba una frontera ficticia entre el mundo actual y un lugar mejor, un país idílico al que el público accedía dividido en grupos, sometido a pruebas de observación, escritura y coordinación. De esas interacciones colectivas acababa naciendo una sociedad ideal construida entre todos, presentada al final como conclusión de la experiencia.
En todos ellos intervine como guionista, escritor en vivo, como actor y como desarrollador de herramientas escénicas, una combinación de papeles que pocas veces se da junta en un mismo proyecto y que aquí tuvo sentido natural desde el principio. Cuatro años de investigación real, cuatro muestras públicas, y el privilegio de haber hecho todo esto dentro de una de las salas que más ha hecho por la dramaturgia contemporánea en este país.
https://www.salabeckett.cat/es/laboratori/laboratorio-dramaturgico-escritura-vivo
https://www.salabeckett.cat/es/activitat-resta/frontera
https://www.salabeckett.cat/es/activitat-resta/ojo
https://www.salabeckett.cat/es/activitat-resta/rave-de-escritura-en-vivo
https://www.salabeckett.cat/es/activitat-resta/textures-una-biopsia-linguistica
https://www.salabeckett.cat/es/activitat-resta/un-lloc-millor
