15 piezas breves de microteatro

Sala Beckett

s.f.

Toda la formación en dramaturgia que fui recibiendo en la Sala Beckett desembocó en quince piezas breves de microteatro, pero completas en sí mismas. No son fragmentos ni bocetos, piezas pequeñas con entidad propia.

El registro salta de una pieza a otra sin pedir perdón. Hay humor negro llevado al extremo, como esa cola de supermercado que empieza con una señora colándose y termina convertida en una discusión sobre Kafka y la barbarie, con un guardia de seguridad frustrado citando a Roosevelt entre bofetada y bofetada. Hay ternura infantil que se rompe de golpe, dos niños cavando en busca de un tesoro que resulta ser otra cosa completamente distinta a lo que esperaban. Hay un cuento clásico vuelto del revés, con una abuela mucho menos indefensa de lo que Caperucita nunca imaginó. Y hay piezas más incómodas, sobre deseo, poder y las transacciones que la gente hace con su propio cuerpo o con su silencio, que no buscan la comodidad del espectador sino sacudirle un poco.

La mirada, sobre una mujer que aprende a leer el desprecio ajeno y a convertirlo en ventaja propia. Y cierra el conjunto una pieza de traición y venganza fría entre una pareja de sesenta años con un pasado clandestino que vuelve a llamar a la puerta, de esas que uno no ve venir hasta que ya es demasiado tarde para el personaje.