Y luego dirán que el pescado es caro

Barcelona, Madrid, Logroño, San Sebastián, Guatemala

2000-2002

Compañía P’alante

Hay títulos que ya avisan de qué va la cosa y luego hay títulos como este, que prometen una cosa y entregan otra completamente distinta. Porque no, esta obra no habla de pesca ni de mercados. Es una trampa, y de las buenas: el escenario se convierte en un aula, el público en alumnado y los actores en profesores de una escuela de teatro que no enseña nada de lo que promete y enseña, sin querer, mucho más de lo que nadie esperaba.

Escrita y creada de forma colectiva, esta es una sátira que no se anda con rodeos ni con solemnidades. Nace del café-teatro, ese formato pequeño y directo donde el público está tan cerca que no hay escapatoria posible, y ahí es donde mejor funciona: en la cercanía, en la complicidad, en esa risa que empieza siendo fácil y termina removiendo algo. Porque bajo la parodia hay una reflexión que se cuela sin avisar, de esas que solo el humor bien hecho consigue meter sin que nadie se dé cuenta hasta el final.

La obra recorrió escenarios en Barcelona, Madrid, Logroño y San Sebastián antes de cruzar el Atlántico y llegar hasta Guatemala, donde se presentó en el Teatro La Cúpula dentro de una gira organizada con el Instituto Guatemalteco de Cultura Hispánica. Un montaje pequeño en producción pero grande en recorrido, de esos que demuestran que no hace falta gran presupuesto para que una historia viaje.

Yo formé parte de este proyecto como guionista y actor, y puedo decir que pocas veces he visto a un público reaccionar con tanta naturalidad ante algo tan calculado. Tuvimos situaciones bastante complicadas, pero es lo que tiene romper la cuarta pared, te arriesgas a que la gente no reaccione como esperabas.