Segundo martes de cada mes
Participación regular en un espacio de improvisación de historias orales que se celebra el segundo martes de cada mes, formato pequeño en apariencia pero de una exigencia narrativa considerable: tres palabras escogidas al azar entre el público son el único punto de partida para construir, ahí mismo y sin red, una historia completa.
No hay guion previo ni margen para preparar nada. Se lanzan las palabras, se ordenan las ideas en cuestión de segundos y se empieza a hablar confiando en que el oficio y la práctica acumulada sostengan lo que la improvisación pura no puede garantizar. Es un ejercicio que obliga a estar completamente presente, a escuchar lo que uno mismo va diciendo casi al mismo tiempo que lo dice, y a encontrar estructura donde en principio no hay ninguna.
Siempre he sentido predilección por la improvisación como herramienta narrativa, así que este espacio se ha convertido en una cita fija dentro de mi actividad como narrador. Cada sesión es distinta, cada combinación de palabras plantea un reto nuevo, y esa incertidumbre, lejos de resultar incómoda, es precisamente lo que lo hace tan estimulante. Es un formato pequeño, sí, pero de los que más enseñan sobre el oficio de contar historias.